martes, 25 de agosto de 2020

 

ALTERACIONES DEL CICLO CIRCADIANO DENTRO DEL CONTEXTO DE LA PANDEMIA

 

Ya llevamos más de 150  días desde que se instaló la cuarentena y la vida de los argentinos ha cambiado drásticamente como lo ha sido en todo el planeta a partir de la pandemia del COVID 19.

Esta situación inusual y única para la mayoría de nosotros nos puso frente a una situación de peligro real, y el psiquismo frente a un estímulo aversivo como éste reacciona con mecanismos de alerta, porque su función es prepararnos a enfrentar una situación de defensa de nuestra integridad, se activa el sistema de estrés y prepara al organismo para la lucha o huida, esto es ancestral, esta activación nos coloca en estado de estrés agudo, pero si esto se mantiene a lo largo del tiempo comienza a  cronificarse dando lugar al agotamiento del organismo y por ende estamos frente al estrés crónico.

Debido a este estrés poblacional, y sumado a la incertidumbre, el miedo a contagiarse una enfermedad donde aún no hay cura se reacciona de diversas maneras en los individuos y el caos económico que se está desarrollando por el escaso movimiento laboral, exacerba el estado de alerta, la persona está atenta a todos  los estímulos que recibe y aumenta su agotamiento.  

Existe un sesgo atencional a todo lo referente a la pandemia conjuntamente a la situación económica y de seguridad, y esta sobreinformación que recae sobre la población donde todos los medios ponen foco es un elemento estresante y mantiene el organismo en estado exacerbación permanente. pero se necesita manejar la información, en cuanto a tiempo de exposición y forma de consumir estos datos, ya que  que la hipervigilancia genera dos cosas, una es como una sensación de control de lo que sucede a fin de disminuir la sensación de indefensión,  pero lo cierto es que agota al organismo entrando este en una fase de distres.

La adaptación normal de nuestro organismo se mantiene a través del equilibrio de diversos sistemas que actúan conjuntamente, el sistema nervioso, el sistema endocrino, el sistema inmunológico y nuestra psiquis que responde acorde a alteraciones de los mismos. No estamos divididos en sistemas, el organismo siempre reacciona en un todo indisoluble. Mente, soma, psiquis y espiritualidad están entrelazadas en el mismo tiempo y el sujeto actúa acorde al grado de equilibrio de los mismos.

En esta epidemia se ha alterado la forma de vida, las personas tuvieron que organizar sus empleos dentro de sus casas, toda la organización temporal fue alterada, los horarios de trabajo también se relajaron y las horas destinadas a comer y cenar tuvieron igual destino en un amplio rango de la población.

Es fundamental establecer una higiene del sueño, no solo la cantidad de horas destinadas al descanso sino la calidad de las mismas y la cronobiología del sueño, es decir la sincronización con los ritmos biológicos a fin que haya la disponibilidad de sustancias reguladoras tanto en la vigilia como en el sueño, nuestro cerebro liberta melatonina que  es una hormona producida por la glándula pineal que tiene diversas funciones en el cuerpo, como ser es un poderoso antioxidante ya que neutraliza los radicales libres, regula el sistema autoinmune y tiene incidencia en la prevención de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer pero especialmente en la regulación del ciclo sueño-vigilia, esta hormona no se libera con luz solar, lo cual cuando el sujeto duerme noche actúa en su liberación. Estos parámetros se han visto alterados por una amplia franja poblacional que altera significativamente los horarios de irse a dormir quedándose hasta altas horas de la noche expuestos al uso de las tecnologías, quedándose muchas horas frente a las pantallas con los múltiples estímulos que éstos genera en el cerebro,  el resultado es un descanso no reparador con estados de somnolencia durante el día y disminución de la calidad de las funciones ejecutivas tales como la atención, la memoria y la concentración para un buen desempeño laboral, y en el caso actual de pandemia deja al sujeto poco p a las formas de autocuidado eficaz que debe tener. También cabe destacar que las personas que tenían antecedentes de trastornos del sueño anterior a la pandemia en términos generales agudizaron los mismos, y deben tener en cuenta proseguir con sus tratamientos sean psicológicos y/o farmacológicos si así lo requieren y no abusar de sustancias, ya que ha habido un gran incremento durante este período del consumo de tabaco y alcohol, este último altera de forma dramática la estructura del sueño, y el tabaco, además de ser un elemento altamente cancerígeno, genera aumento de la ansiedad.

En este período hay que saber vivir con la incertidumbre, que es parte de la vida, pero que en la pandemia se expresa más claramente, si bien hemos limitado nuestra vida externa, no debemos perder la capacidad de resiliencia y la libertad interior que nos permite reflexionar y conocernos internamente y en muchísimos casos sorprendernos al encontrar capacidades adormecidas que han despertado para mejorar nuestra vida.

Lic. Mónica Arcas – Psicóloga Clínica – 15 3488 2542

 

 

 

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