ALTERACIONES DEL CICLO CIRCADIANO DENTRO
DEL CONTEXTO DE LA PANDEMIA
Ya
llevamos más de 150 días desde que se
instaló la cuarentena y la vida de los argentinos ha cambiado drásticamente
como lo ha sido en todo el planeta a partir de la pandemia del COVID 19.
Esta
situación inusual y única para la mayoría de nosotros nos puso frente a una
situación de peligro real, y el psiquismo frente a un estímulo aversivo como éste
reacciona con mecanismos de alerta, porque su función es prepararnos a
enfrentar una situación de defensa de nuestra integridad, se activa el sistema
de estrés y prepara al organismo para la lucha o huida, esto es ancestral, esta
activación nos coloca en estado de estrés agudo, pero si esto se mantiene a lo
largo del tiempo comienza a cronificarse
dando lugar al agotamiento del organismo y por ende estamos frente al estrés crónico.
Debido
a este estrés poblacional, y sumado a la incertidumbre, el miedo a contagiarse
una enfermedad donde aún no hay cura se reacciona de diversas maneras en los
individuos y el caos económico que se está desarrollando por el escaso
movimiento laboral, exacerba el estado de alerta, la persona está atenta a
todos los estímulos que recibe y aumenta
su agotamiento.
Existe
un sesgo atencional a todo lo referente a la pandemia conjuntamente a la
situación económica y de seguridad, y esta sobreinformación que recae sobre la
población donde todos los medios ponen foco es un elemento estresante y mantiene
el organismo en estado exacerbación permanente. pero se necesita manejar la
información, en cuanto a tiempo de exposición y forma de consumir estos datos,
ya que que la hipervigilancia genera dos
cosas, una es como una sensación de control de lo que sucede a fin de disminuir
la sensación de indefensión, pero lo
cierto es que agota al organismo entrando este en una fase de distres.
La
adaptación normal de nuestro organismo se mantiene a través del equilibrio de
diversos sistemas que actúan conjuntamente, el sistema nervioso, el sistema
endocrino, el sistema inmunológico y nuestra psiquis que responde acorde a
alteraciones de los mismos. No estamos divididos en sistemas, el organismo
siempre reacciona en un todo indisoluble. Mente, soma, psiquis y espiritualidad
están entrelazadas en el mismo tiempo y el sujeto actúa acorde al grado de
equilibrio de los mismos.
En
esta epidemia se ha alterado la forma de vida, las personas tuvieron que
organizar sus empleos dentro de sus casas, toda la organización temporal fue
alterada, los horarios de trabajo también se relajaron y las horas destinadas a
comer y cenar tuvieron igual destino en un amplio rango de la población.
Es
fundamental establecer una higiene
del sueño, no solo la cantidad de horas destinadas al descanso sino la
calidad de las mismas y la cronobiología del sueño, es decir la sincronización
con los ritmos biológicos a fin que haya la disponibilidad de sustancias
reguladoras tanto en la vigilia como en el sueño, nuestro cerebro liberta
melatonina que es una hormona producida
por la glándula pineal que tiene diversas funciones en el cuerpo, como ser es
un poderoso antioxidante ya que neutraliza los radicales libres, regula el
sistema autoinmune y tiene incidencia en la prevención de enfermedades
neurodegenerativas como el Alzheimer pero especialmente en la regulación del
ciclo sueño-vigilia, esta hormona no se libera con luz solar, lo cual cuando el
sujeto duerme noche actúa en su liberación. Estos parámetros se han visto
alterados por una amplia franja poblacional que altera significativamente los
horarios de irse a dormir quedándose hasta altas horas de la noche expuestos al
uso de las tecnologías, quedándose muchas horas frente a las pantallas con los
múltiples estímulos que éstos genera en el cerebro, el resultado es un descanso no reparador con
estados de somnolencia durante el día y disminución de la calidad de las
funciones ejecutivas tales como la atención, la memoria y la concentración para
un buen desempeño laboral, y en el caso actual de pandemia deja al sujeto poco p
a las formas de autocuidado eficaz que debe tener. También cabe destacar que
las personas que tenían antecedentes de trastornos del sueño anterior a la
pandemia en términos generales agudizaron los mismos, y deben tener en cuenta
proseguir con sus tratamientos sean psicológicos y/o farmacológicos si así lo
requieren y no abusar de sustancias, ya que ha habido un gran incremento
durante este período del consumo de tabaco y alcohol, este último altera de
forma dramática la estructura del sueño, y el tabaco, además de ser un elemento
altamente cancerígeno, genera aumento de la ansiedad.
En este
período hay que saber vivir con la incertidumbre, que es parte de la vida, pero
que en la pandemia se expresa más claramente, si bien hemos limitado nuestra
vida externa, no debemos perder la capacidad de resiliencia y la libertad interior
que nos permite reflexionar y conocernos internamente y en muchísimos casos
sorprendernos al encontrar capacidades adormecidas que han despertado para
mejorar nuestra vida.
Lic.
Mónica Arcas – Psicóloga Clínica – 15 3488 2542
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