lunes, 18 de marzo de 2019


EL HAMBRE DE TIPO EMOCIONAL


Una de las funciones fisiológicas es la ingesta de alimentos, pero muchas veces ésta presenta alteraciones y son indicadores de que algo está desbalanceando al organismo, sea alteraciones de hipofagia (disminución del deseo de comer), anorexia (restricción de la misma) o su contrario la hiperfagia (comer desmesuradamente como producto de una alteración emocional), en este último caso la persona no reacciona incorporando alimentos por necesidad fisiológica, sino que su ingesta responde a factores emocionales y el cerebro le da una respuesta errónea, hay una reacción química que se produce y al ingerir ya que el consumo de hidratos de carbono libera endorfinas que producen placer.

Esto ocurre con regularidad en personas que padecen ansiedad patológica (preocupaciones, angustia) y una forma de reaccionar a este estrés es ingerir no por hambre sino por emociones disfuncionales que padece.

En otras palabras la persona ingiere por motivos emocionales, aquí el cerebro decodifica mal, interpreta como fisiológico lo emocional, y alimentarse especialmente con hidratos de carbono genera endorfinas que aumentan la sensación temporal de bienestar.

Nuestro cerebro esta formulado para que el ser humano sobreviva en torno a la escasez no para la abundancia. El  cerebro está creado para que sobrevivamos en un entorno de escasez, no en un entorno de abundancia. En el pasado, si podías tener una relación afectiva, eso significaba más posibilidades de sobrevivir. Liberar endorfinas para convertir eso en algo recurrente era positivo, porque potenciaba la relación y, por tanto, la capacidad de supervivencia. Había que buscar el alimento para la sobrevivencia del grupo familiar.

Hoy en día por lo general no es la misma situación, pero el cerebro en muchos casos “obliga” al sujeto a la ingesta, hasta llegar a la obesidad. Nuestro cerebro funciona a base de sustancias químicas llamados neurotransmisores que son:

·       Acetilcolina

·       Dopamina

·       Enquefalinas y endorfinas

·       Acido butírico amino gama

·       Norepinefrina

·       Serotonina

Estos neurotransmisores son los generadores de equilibrar los estados de bienestar o malestar del organismo. Cuando la persona esta con malestar el cerebro trata de modificar esta situación y que busque liberar de alguna forma dopamina y endorfinas,  y es a través de determinados alimentos se sacia esta necesidad en forma inmediata que genera placer. Es por ello que cuando una persona se siente triste, aburrida, abandonada, ansiosa, muchas de las veces recurre a la comida para liberar dopamina.

Es por ello por lo que mucha gente desarrolla el hábito de comer cuando se siente mal, porque es una forma accesible de liberar dopamina, pero este recurso es temporal, porque no modifica la problemática del sujeto, solo genera una ilusión de mejoría que es solo eso, los problemas subyacen si no se los identifica, de allí se diferencia la necesidad de comer desde el punto de vista fisiológico, del devorar desde el punto de vista emocional, que es una forma abrupta de ingesta, diferente a la primera que responde a necesidades fisiológicas y son pautadas y con opciones de la misma, en cambio cuando el organismo responde a necesidades afectivas funciona como en las adicciones, de hecho es una forma de adicción a la comida, existe un malestar, un vacío que debe llenarse en forma inmediata, esto genera un bienestar instantáneo y efímero, luego vuelve nuevamente el displacer acompañado  muchas veces con sentimientos de culpa que agravan el cuadro. Muchas de las veces se puede incursionar en patologías del espectro alimenticio (trastornos alimenticios no especificados, o estados de bulimia) donde en este último ante la ingesta compulsiva que deviene de un malestar depresivo aparece sentimientos de falta de control y culpa que producen el vómito como forma de requilibrar patológicamente ese estado.

La Terapia cognitiva conductual trabaja sobre todos los procesos cognitivos disfuncionales, asi como sus conductas identificando las situaciones particulares que generan ese displacer a los efectos de reestructurar el pensamiento que lleva a esta conducta impulsiva de ingesta, proporcionando no solo una modificación de esta forma patológica de vivenciar el malestar sino la toma de conciencia del mismo y el cambio de procesamiento de este dolor emocional que lo genera.

Lic.Mónica Arcas - Psicologa Cognitiva Conductual













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