La
tercera edad y los trastornos ansiosos depresivos.
La ansiedad en la tercera edad es una
patología psiquiátrica muy frecuente, especialmente cuando han tenido
antecedentes de haber padecido diversos trastornos en torno a la ansiedad.
Pero en la edad adulta se le agregan
elementos que son bastantes disruptivos que afectan directamente en la calidad
de vida de este grupo etario como ser las patologías orgánicas que se suelen
adicionar sean cardiovasculares, endócrinas, osteomusculares, la discapacidad sensorial
especialmente la auditiva, que mayormente se da en pacientes ansiosos así como
la discapacidad visual esta más asociada a la depresión, la pérdida
significativa de pares en la medida que se ponen más ancianos.
Por lo general los trastornos de ansiedad
son subdiagnosticados no se profundiza
en esa población, muchas de las veces se encuentran en forma mixta asociados a
la depresión, que es la más evidente desde el punto de vista fenomenológico.
Son medicados pero raramente son tratados psicológicamente para determinar el
origen de los mismos.
Es importante que el psicólogo
gerontólogo evalúe los niveles de ansiedad y depresión de esta población
etaria, detectando factores de riesgo que deben ser tratados.
Existen factores de riesgo para el
desarrollo de la ansiedad y comorbilidad depresiva entre ellos encontramos:
·
Una
percepción pobre de su salud. El anciano se autopercibe vulnerable y se asusta
mucho respecto a su evolución. Es importante que en la medida de su comprensión
se le informe adecuadamente sobre su dolencia para que no solo pueda comprender
que le pasa sino evitar el desarrollo de pensamientos disfuncionales que
agravan el cuadro.
·
Carencia
de habilidades de afrontamiento, especialmente en aquellos miedos que aparecen,
entre ellos hablar de su miedo a la muerte y especialmente al sufrimiento.
·
Carencia
de redes sociales. Es muy frecuente en el anciano longevo que se ha quedado sin
amigos, por fallecimiento de los mismos.
Esto es un gran golpe que sufren especialmente en la sociedad urbanizada donde
es frecuente la posición individualista de las personas.
·
Estar
soltero/viudo/a esta condición está más asociado a aspectos más depresivos .
·
No
haber tenido hijos, o tenerlos en el exterior sin contacto directo.
·
Rasgos
previos de personalidad (especialmente personas que fueron muy activas con
rasgos obsesivos y que se encuentran limitadas), y que no aceptan que el cuerpo
no responda muchas veces en relación a su mente. Con el tiempo los rasgos de
personalidad se cristalizan por lo general.
·
Antecedentes
de Estrés Postraumático, duelos no elaborados (especialmente de hijos).
·
La
presencia de sintomatología depresiva (anhedonia, alteraciones en el ciclo del
sueño, apetito, la anergia) se vinculan al deterioro funcional del anciano.
La soledad es un tema muy importante en
la tercera edad, en muchos casos se habla de la soledad objetiva que es cuando
la persona ha perdido su cónyuge, y especialmente en aquellas parejas que
fueron longevas en su matrimonio la pérdida de su pareja es un hito tan
importante que muchas veces se niegan a hablar de ello porque los llena de
angustia y melancolía.
La soledad subjetiva es aquella que
sufre el anciano que se “siente solo”, estar solo no es igual a sentirse solo.
En muchos casos sea porque viven solos y sus pares han desaparecido, y en otros
son sentimientos de soledad a pesar de vivir con su familia, esto es más acentuado
en adultos mayores de 80 años, ya que no siente apoyo de sus miembros de
familia que lo general están ausentes gran parte del tiempo, y que los cambios
sociales han marcado de forma muy creciente la comunicación intrafamiliar a
través de redes en donde el anciano por lo general queda por fuera del
circuito.
El aislamiento social es un pródromo de
la depresión, especialmente cuando ha perdido su partenaire el apoyo familiar
es fundamental en los primeros periodos del duelo, pero posteriormente es
necesario el apoyo de grupos de pares a los fines de la continuidad de la vida
social y emocional. Pertenecer a grupos de amigos y/o asociaciones de la
tercera edad proporciona mantener contactos que mejoran la calidad de vida del
anciano, especialmente si estos no padecen limitaciones ambulatorias.
Pero el aislamiento emocional es un
indicar negativo que genera mucho sufrimiento en la persona ya que hay una
ausencia de apoyo y de contacto físico tan necesario para el sujeto. Esto se
presenta en ancianos que no son visitados y con carencias de contacto afectivo
(caricias, abrazos, visitas, llamados telefónicos, visita de vecinos).
Los humanos somos seres gregarios,
entonces las relaciones sociales son un aspecto muy importante durante toda la
vida, ya que el contacto afectivo con el otro es un factor protector de la
salud.
Lic.Mónica Arcas – Psicóloga Clínica –
11 3488 2542 –
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