DEPRESION Y TERCERA EDAD
La depresión es un cuadro de
los trastornos del humor muy frecuentes y atraviesa muchos grupos etarios. En
los adultos mayores hay una prevalencia de un 13%, que está asociado a otros
cuadros psiquiátricos y que constituye un riesgo para la salud del afectado, y
muchas veces el agravamiento no tratado de la depresión puede desembocar en el
riesgo del suicidio.
Estos cuadros detectados
precozmente y tratados junto con sus comorbilidades tienen un rango amplio de
recuperación se con tratamiento farmacológico si es necesario, y psicoterapia,
especialmente cognitiva conductual, que ha sido el encuadre que mejor
resultados ha dado.
En la tercera edad la
depresión se manifiesta con sintomatología muy específica, aparece la falta de
placer (anhedonia) y un estado de ánimo depresivo la mayor parte del día,
especialmente cuando se levantan y no tienen ya una organización diaria. Existe
un incremento o pérdida de peso significativa (especialmente en adultos mayores
la pérdida de masa muscular), alteraciones en el ciclo del sueño son
frecuentes, sea insomnio de conciliación o despertares tempranos con ánimo
disfórico, muchas veces se acompaña de síntomas somáticos tales como estados de
fatiga muscular, mialgias musculares especialmente en zona lumbar ciática,
dolor de pecho, cefaleas recurrentes.
Desde la óptica cognitiva los
adultos mayores en estado de depresión suelen referir pensamientos en torno a
la muerte, muchos de ellos han quedado viudos, o los pares han muerto, entonces
la idea de su finitud cobra mayor relevancia y va acompañados estos
pensamientos con estados de ansiedad, es frecuente en los ancianos la
comorbilidad de depresión con trastorno de ansiedad generalizada, donde
prevalece la preocupación de las consecuencias de cómo queda su familia y/o
casa si algo les pasa, la preocupación de sentirse un estorbo para la familia,
etc. Muchos presentan ansiedad y mucho temor a ser despojados de su hogar, la
idea de llevarlos a un geriátrico les genera impotencia y dolor psíquico.
En aquellos ancianos que han
tenido un desarrollo vital activo y con perfiles obsesivos, aparece la
sensación de vulnerabilidad cuando han perdido dominio de determinadas capacidades
funcionales y que ahora dependen de terceros, esta situación les genera mucho
agotamiento mental y es fuente de un potencial estrés, ya que les cuesta asumir
su envejecimiento y fragilidad así como la dependencia hacia otros en sus
tareas cotidianas, sea la preparación de sus comidas, aseo personal,
disposición de los medicamentos, etc.
Muchos ancianos presentan
deterioros cognitivos propios de la edad, como también la presencia de enfermedades
neurodegenerativas (demencias vasculares, enfermedad de Alzheimer, enfermedad
de Parkinson). La comorbilidad con patologías orgánicas son casi la regla,
asociación con enfermedades cardiovasculares, endócrinas, renales, oncológicas
y traumatológicas muchas de ellas asociadas a dolor crónico potencian los
estados depresivos. La evaluación psicológica implica un abordaje
psiconeurologico adecuado a la patología prevalente, al igual de la evaluación
de los niveles de depresión y trastornos de ansiedad comorbido, ya que sus
niveles determinaran el encuadre farmacológico adecuado para el paciente.
Lic Mónica Arcas- Psicóloga
Clínica – 15 3488 2542
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