viernes, 12 de abril de 2019


DEPRESION Y TERCERA EDAD

La depresión es un cuadro de los trastornos del humor muy frecuentes y atraviesa muchos grupos etarios. En los adultos mayores hay una prevalencia de un 13%, que está asociado a otros cuadros psiquiátricos y que constituye un riesgo para la salud del afectado, y muchas veces el agravamiento no tratado de la depresión puede desembocar en el riesgo del suicidio.

Estos cuadros detectados precozmente y tratados junto con sus comorbilidades tienen un rango amplio de recuperación se con tratamiento farmacológico si es necesario, y psicoterapia, especialmente cognitiva conductual, que ha sido el encuadre que mejor resultados ha dado.

En la tercera edad la depresión se manifiesta con sintomatología muy específica, aparece la falta de placer (anhedonia) y un estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, especialmente cuando se levantan y no tienen ya una organización diaria. Existe un incremento o pérdida de peso significativa (especialmente en adultos mayores la pérdida de masa muscular), alteraciones en el ciclo del sueño son frecuentes, sea insomnio de conciliación o despertares tempranos con ánimo disfórico, muchas veces se acompaña de síntomas somáticos tales como estados de fatiga muscular, mialgias musculares especialmente en zona lumbar ciática, dolor de pecho, cefaleas recurrentes.

Desde la óptica cognitiva los adultos mayores en estado de depresión suelen referir pensamientos en torno a la muerte, muchos de ellos han quedado viudos, o los pares han muerto, entonces la idea de su finitud cobra mayor relevancia y va acompañados estos pensamientos con estados de ansiedad, es frecuente en los ancianos la comorbilidad de depresión con trastorno de ansiedad generalizada, donde prevalece la preocupación de las consecuencias de cómo queda su familia y/o casa si algo les pasa, la preocupación de sentirse un estorbo para la familia, etc. Muchos presentan ansiedad y mucho temor a ser despojados de su hogar, la idea de llevarlos a un geriátrico les genera impotencia y dolor psíquico.

En aquellos ancianos que han tenido un desarrollo vital activo y con perfiles obsesivos, aparece la sensación de vulnerabilidad cuando han perdido dominio de determinadas capacidades funcionales y que ahora dependen de terceros, esta situación les genera mucho agotamiento mental y es fuente de un potencial estrés, ya que les cuesta asumir su envejecimiento y fragilidad así como la dependencia hacia otros en sus tareas cotidianas, sea la preparación de sus comidas, aseo personal, disposición de los medicamentos, etc.

Muchos ancianos presentan deterioros cognitivos propios de la edad, como también la presencia de enfermedades neurodegenerativas (demencias vasculares, enfermedad de Alzheimer, enfermedad de Parkinson). La comorbilidad con patologías orgánicas son casi la regla, asociación con enfermedades cardiovasculares, endócrinas, renales, oncológicas y traumatológicas muchas de ellas asociadas a dolor crónico potencian los estados depresivos. La evaluación psicológica implica un abordaje psiconeurologico adecuado a la patología prevalente, al igual de la evaluación de los niveles de depresión y trastornos de ansiedad comorbido, ya que sus niveles determinaran el encuadre farmacológico adecuado para el paciente.


Lic Mónica Arcas- Psicóloga Clínica – 15 3488 2542






No hay comentarios:

Publicar un comentario