Nuestros pensamientos se
manifiestan con tres elementos:
1) La
direccionalidad que es hacia donde está dirigido el pensamiento.
2) La
velocidad de procesamiento del mismo
3) El
contenido del pensamiento.
Cuando una persona se encuentra
ansiosa no tiene un pensamiento reflexivo, al contrario se desarrolla un
pensamiento automático, irreflexivo, sumamente emocional, los pensamientos
automáticos al ser una charla interna o autodiálogo a nivel mental se
relacionan con estados emocionales intensos como puede ser la ansiedad, la
depresión, la ira o la euforia.
Las distorsiones cognitivas
causan en las personas un sufrimiento desproporcionado con respecto a la
situación y o los hechos, e impide la realización de las conductas necesarias
para lograr objetivos, muchas veces actúan como auto saboteadores de nuestras
propias metas.
La diferencia entre los
pensamientos automáticos y los reflexivos es que los primeros son
inconscientes, irreflexivos y son difíciles de modificar, ilógicos, son
pensamientos muy rígidos, no son dirigidos por la atención, en cambio en los
reflexivos son mas consientes, de procesamiento más lento y son fáciles de
modificar ya que están mediados por la lógica.
Los pensamientos automáticos
devienen de las diversas creencias que sostiene el sujeto sobre algo, estas
creencias están tomadas como verdades absolutas y en base a las mismas se
programa que hacer o no, lo cual su sostenimiento genera emociones y conductas
muchas de las veces evitativas, abruptas que generan malestar significativo.
Por ejemplo el pensamiento catastrófico, pensar en la peor respuesta posible
sobre una situación, o minimizar los logros personales, o el pensamiento
puramente emocional donde no se evalúan otras opciones.
Los pensamientos automáticos se
producen en acontecimientos particulares, en aquellos que generan angustia, en
recuerdos, imágenes, sensaciones fisiológicas como en el pánico, sensaciones
mentales como en el pensamiento obsesivo.
Los pensamientos automáticos
disfuncionales son casi siempre negativos. Son específicos y discretos, con un
estilo telegráfico con frases cortas, muchas veces atemorizantes ocurren como
“por reflejo”, son relativamente autónomos.
Los pensamientos negativos que
son destructivos, que se basan en los pensamientos de odio, rencor,
culpabilidad, cólera, o de envidia. También están los pensamientos negativos
que inhiben como ser los pensamientos con contenido de preocupación, de temor y
de autocrítica negativa, o los pensamientos catastróficos muy típicos en los
cuadros de ansiedad y depresión donde el final siempre es negativo, el “no
puedes” “no lo lograras” “siempre fuiste un perdedor”
Uno de los más frecuentes es los
“deberías” o “tendrías que”, reflejan mantener reglas muy fijas irreductibles,
cuya no realización generan mucha culpa y sentimientos de fracaso, cualquier
desviación de las mismas es considerado como intolerable, como resultado de su
incumplimiento la persona se coloca en un lugar de juez y encuentra faltas en
los actos de los demás o los propios y sufre.
Otra distorsión que genera
emociones muy negativas es el etiquetamiento, eso se observa mucho en las
patologías “soy un panicoso”, “soy una depresiva”, allí la etiqueta
autoimpuesta se toma como que lo define, una persona sufre un periodo de
ansiedad o depresión pero eso no es su identidad. Esto produce una visión del
mundo y de las personas inflexibles y sumamente toxico. La atribución de etiquetas
erróneas conlleva una gran carga emocional.
La falacia de la justicia es la
forma de valorar como injusto todo aquello que no se ajuste a nuestros deseos o
creencias, si bien la vida nunca es justa completamente, la persona se coloca
en una posición de una posición en donde él es dueño de la verdad, la persona
se muestra resentida porque piensa que es el dueño de la verdad.
La falacia de cambio es una
distorsión cognitiva en donde la felicidad de uno depende de los actos de los
demás, es decir que el cambio dependerá si desde afuera se los presiona lo
suficiente, la atención y la energía se dirige hacia los otros porque la
esperanza de felicidad se logra en conseguir que desde afuera satisfagan
nuestras necesidades, las estrategias para cambiar a los demás incluyen
echarles la culpa, ocultarles cosas, exigirles y una negociación especulativa
“si vos cambiaras ….yo haría…”
La falacia de culpabilidad es
atribuirse la responsabilidad absoluta de diversos acontecimientos sin base
suficiente y sin percibir otras variables que han intervenido en el mismo. La
persona que se auto inflige la culpa actúa de una manera muy rígida y no la
lleva a cambiar de conducta sino a darle vueltas a los actos negativos quedando
frisado en esa posición.
La falacia de la recompensa
divina es un estilo de percepción donde se espera una recompensa de la vida,
muchas veces supone que la solución de los problemas vitales y las dificultades
por la que pasa el ser humano serán mejoradas “mágicamente” y no por el logro
personal de resolver de una manera más adecuada y lógica de la búsqueda de
soluciones a los problemas. Cuando se piensa en la recompensa que en algún
momento se hará real y esto no acontece genera en la persona malestar,
resentimientos y anula las posibilidades de encontrar una salida ya que queda
atrapado en estos afectos negativos.
La falacia de control se
manifiesta cuando la persona se autopercibe de manera extrema sobre el grado de
control de las cosas, o porque se autopercibe como muy competente y
autosuficiente que todo lo que gira a su alrededor lo puede controlar, o bien
por su contrario se autopercibe impotente y sin ningún control sobre las
variables de su vida. “No puedo hacer nada sobre...” “A mí no me puede ocurrir
porque tengo el control de todo”
Tanto los pensamientos
automáticos y las creencias que anidan en su interior son factibles de
modificar dentro del contexto de una terapia cognitiva a través de la
reestructuración de los mismos , ganando la persona la posibilidad de acceder a
una forma de pensar y conducirse en la vida de una manera más adaptativa y
mejorar su calidad de vida
Lic. Mónica Arcas Psicóloga
Clínica // 15 3488 2542
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