martes, 15 de septiembre de 2020

Bulimia nerviosa en preadolescentes y adolescentes tempranas

 

Los trastornos de la alimentación sea la anorexia nerviosa, la bulimia y los trastornos de alimentación no especificados se han incrementado en los últimos años debido fundamentalmente a cambios culturas (cultura de la imagen) y cambios de tipo económico, en nuestro medio hay en toda la sociedad occidental un marcado rechazo a la gordura, y una sobrevaluación de la delgadez, ésta es percibida como un indicador de belleza, éxito y autocontrol. Si bien es fundamental también abordar estas problemáticas como un síndrome que afecta a todo el grupo familiar.

La bulimia nerviosa es un trastorno de la alimentación caracterizado por la presencia de episodios de atracones de comida,  es decir la ingesta de grandes cantidades de comida, o bien la comida es devorada de manera compulsiva en poco tiempo con la sensación de pérdida de control, seguidos de conductas de forma compensatoria para evitar el aumento de peso. Esas conductas compensatorias pueden ser la provocación de vómitos, uso de laxantes, o el exceso de ejercicios aeróbicos con la fantasía de autocontrol del peso. Suele aparecer restricciones dietarías, y muchas veces información que se oculta sobre el tema del consumo. La bulimia es una patología que se caracteriza por el control- descontrol – control, con sentimientos de culpa, muchas veces estas adolescentes se encuentran con estados de depresión, sentimientos de vacío, procesos de bulling donde la conducta de dolor lleva a la persona a una conducta impulsiva, devora comida que generalmente es hipercalóricas (chocolates, alimentos con hidratos de carbono)   con la sensación de pérdida de autocontrol, esto la lleva a sentimientos de culpa, se provoca vómitos, o conductas compensatorias como las mencionadas anteriormente a los fines de volver a mantener cierto control como un circulo tóxico similar al obsesivo.

Existe un aumento de tensión, de ansiedad en el aparato psíquico que la persona no puede tolerar y para el manejo de ésta recurre al alimento de manera compulsiva para bajar la tensión y entra al circuito, pero debajo de la compulsión a devorar, están estados de malestar subjetivo que la lleva a esta conducta, en la etapa de la preadolescencia y adolescencia temprana la niña es muy susceptible a las opiniones del medio, a ser aceptada en relaciones que no le son satisfactorias o una necesidad de “encajar” y ser aceptada por la imagen. La prevalencia es del 1% de las mujeres jóvenes adolescentes hasta mujeres adultas hasta 40 años aproximadamente.

Los factores que desarrollan el trastorno son diversos pero no se pude adjudicar en forma terminante entre ellos vemos en esta etapa evolutiva que inciden los factores de índole social, especialmente en nuestra cultura occidental donde hay una preocupación exagerada por la delgadez, pero no desde el punto de vista de la salud, sino desde una imagen corporal de delgadez fantaseada e idealizada de perfección , de éxito y por sobre todas las cosas de aceptación, incluso niñas con peso corporal normal pueden sentirse incómodas con su esquema corporal y ansiar tener menor peso y es por ello que se someten a dietas que muchas veces son auto administradas o se pasan la información por redes y muchas veces provocan alteraciones hormonales con el riesgo que ello conlleva, así como los vómitos lo peligroso que tienen desde el punto de vista clínico la pérdida de sales que pueden provocar hiperkalemia (pérdida de potasio) con sus consecuencias cardiovasculares.

Otros factores es la familia, muchas veces estas niñas pertenecen a familias con antecedentes genéticos de problemáticas de alimentación, con una modalidad de base de tipo perfeccionistas, rigidez como también antecedentes hereditarios de ansiedad. Desde el punto de vista de la interacción social, muchas de estas adolescentes son muy influenciables por el grupo donde se valoran primordialmente la delgadez así como la participación de actividades deportivas y/o artísticas donde el bajo peso ocupa un lugar importante en su realización (baile clásico, modelaje, actividades deportivas como el patinaje artístico etc.)

Comorbilidad:

Los trastornos de la conducta alimentaria suelen estar asociado a otras patologías psiquiátricas que es fundamental detectar y evaluar a los efectos si deben ser también atendidas por médico tratante, ya que es una etapa la preadolescencia y a la adolescencia temprana con muchos desarreglos de tipo hormonal. Las niñas que han tenido menarca precoz tienen mayor predisposición a comienzos más tempranos de la enfermedad bulímica.

Existe comorbilidad con trastornos del humor, estados disforicos que en la adolescencia son muy típicos por lo cambiante del humor de ellos. Los trastornos de ansiedad tienen en mayor prevalencia la ansiedad social por el miedo a las intervinculacion y a la crítica que puedan tener debido a su baja autoestima, existe según estudios una prevalencia de A.S entre un 17 a un 80% de los casos El estrés postraumático también tiene un alto porcentaje de asociación con el trastorno bulímico, específicamente en niñas que han sufrido abuso psicofísico, o provenientes de hogares altamente disfuncionales. Otro trastorno importante es el T.O.C, y también los rasgos obsesivos de perfeccionismo, autoexigencia intelectual y competencia, sentirse inferiores a otros niños y/o hermanos. En la clínica de adultos el abuso de sustancias sea de drogas y/o alcohol habían tenido antecedentes de B.N no tratada adecuadamente. Así como los trastornos de personalidad del clúster B (trastorno de personalidad límite e histriónico) debido a sus rasgos de impulsividad e inestabilidad emocional y conductual.

Es importante que se realicen estudios médicos como ser la evaluación física, electrocardiograma, análisis de sangre completos cálculo de índice de masa corporal, si tiene alteraciones en el ciclo menstrual (amenorrea), tiempo de realización de vómitos autoinducidos, si tienen  en sus nudillos marcas (signo de Russell), antecedentes de lesiones autoinfligidas.

Además se la debe evaluar psicológicamente con escalas no solo sobre TCA sino sobre las comorbilidades, con estos pacientes hay que estimularlos a que colaboren en el tratamiento, pues suelen ser muy ambivalentes, hay que generarles la motivación al cambio y mejorar su autoestima y asertividad. La psicoeducación con el paciente es fundamental, tanto como el trabajo con su grupo familiar.

En el primer momento del tratamiento es más intensivo con mayor encuentro semanal con el paciente y ayudarlo en terapia cognitiva en que pueda comenzar a realizar sus propios registros de su conducta y emociones que la llevan a realizar no solo los atracones sino también las conductas compensatorias a los efectos de romper el círculo vicioso y los sentimientos de pérdida y de culpabilidad que están en juego.

Lic. Mónica Arcas Psicóloga Clínica – 15 3488 2542 -

 

 

 

 

 

 

 

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