viernes, 11 de septiembre de 2020


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 EL DUELO EN TIEMPOS DEL COVID

 

Las pérdidas humanas producidas durante la pandemia tienen consecuencias a nivel emocional muy fuerte debido al aislamiento y distanciamiento social donde se modifica los rituales funerarios que en todas las sociedades y muchas religiones se establecen. La tendencia de los seres humanos es formar lazos emocionales y cuando éstos se encuentran en amenaza real o se rompen generan fuertes reacciones emocionales.

 

La adaptación a la pérdida es un proceso que requiere tareas psíquicas, Freud lo definía como un trabajo de duelo, el trabajo psíquico de aceptación de la pérdida de algo valioso para el yo.

 

En las actuales circunstancias de la pandemia donde la muerte por contagio deja al hombre en un estado de mucha vulnerabilidad por lo impredecible de la enfermedad, hace que tengamos que adaptarnos a nuevas circunstancias y obliga a pensar en nuevas herramientas y fortalezas para conservar de la mejor manera posible la salud psíquica.

 

Pero es fundamental ayudar al deudo en este contexto, acompañando en los estadios del duelo y con las características inéditas de esta pandemia, hay que evitar que deudo bloquee este estado ya que puede precipitar el desarrollo de un duelo patológico, e iniciar un proceso depresivo o de estrés postraumático.

 

El duelo es un proceso personal pero también social, en lo social los rituales son las formas sociales de aceptación de la pérdida, el cuerpo está presente y los familiares y amigos pueden despedir al ser amado, en este contexto el velatorio son muy acotados donde pueden asistir solo dos integrantes. Las medidas de profilaxis dentro del velatorio también generan nuevas modificaciones como ser el cajón cerrado donde solo puede estar sobre éste una foto del difunto/a, no pudiendo concurrir al mismo el resto de los familiares si lo tuviese.

 

La pérdida de un ser querido en este contexto, pueden generar alteraciones en el proceso del mismo y producirse complicaciones en algunas personas  que pueden desencadenar en un duelo más complicado. Algunos de estos factores están en juego como ser:

 

1)    Factor tiempo: Muchas veces la muerte por COVID se produce con una rapidez que no permite al deudo asimilar la pérdida.

 

2)    Es una muerte sorpresiva, porque anteriormente muchas de estas personas no estaban en condición de final de vida, si muchos tenían otras comorbilidades que agravaron el cuadro.

 

 

3)    El factor de incertidumbre, al no poder acompañar al ser querido en su evolución de la enfermedad hace desarrollar en el deudo las fantasías tanáticas de como habrá atravesado en soledad sus últimos momentos y esto perturba al deudo en demasía generándole malestar significativo.

 

4)    Los estados de impotencia vividos al no poder estar la familia acompañándolo/a  en sus últimos momentos para despedirse.

 

5)    Los sentimientos de soledad del deudo, porque por las medidas de confinamiento le es vedado encontrarse y abrazarse con los otros miembros y/o amigos de la familia, como son nuestras costumbres.

 

El duelo es un proceso donde existen etapas que no son progresivas, sino que las mismas están muchas veces entrelazadas en el tiempo hasta llegar a la aceptación real de la pérdida.

 

En el primer momento existe el shock que produce el enterarse de la muerte del familiar, prevalece la negación, el sujeto no puede aceptar esta realidad de manera inmediata, surge la bronca, proyectada hacia afuera (médicos, sistema de salud, Dios, etc.), en realidad de lo que se trata es que el ser humano vuelve a sentir el miedo al abandono, a perder un lazo afectivo que necesita. Luego aparece la depresión, el estado anímico deprimido, con dolor corporal. Los estados depresivos se fusionan con momentos de retomar la vida. Elizabeth Kubler Ross refería a los estadios de negación-Ira – depresión- negociación y aceptación.

 

1. La negación es la reacción que se expresa en un estado de shock, un estado de embotamiento emocional y cognitivo.

 

2. Ira: Se expresa con sentimientos de frustración, impotencia con respecto a la propia capacidad de revertir el suceso, esto lleva al enfado que se proyecta afuera a los otros.

 

3. La negociación la persona guarda una esperanza que nada cambie que se retome la vida.

 

4 Depresión: El sujeto comienza a asumir que la pérdida es irreparable, esto genera sentimientos de tristeza y desesperanza, el ser ya no está, comienzan los recuerdos y el dolor por esa pérdida , el sujeto se enfrenta también a la idea de la propia finitud, y tiene sentimientos de falta de sentido.

 

5 La aceptación es la última etapa del duelo, acepta la pérdida y es la llegada de un estado de calma asociado a la comprensión interna de esta, de su inevitabilidad. La libido ahora se puede ligar al mundo externo.

 

Los deudos de Covid deberán realizar el proceso de ritual de despedida de diversos modos. En algunos casos se permitirá a un familiar que cuente con determinados requisitos establecidos por protocolo despedirse de su familiar en el contexto hospitalario con la contención que merece el familiar por parte del equipo de salud.

 

En otros casos se procederá de manera de poder escribir una carta de despedida en donde pueda expresar los sentimientos sentidos hacia el familiar que ha dejado su existencia, esto permitirá la conexión con el dolor de la pérdida e ir aceptando el proceso de duelo, o preparar un lugar espiritual para poder rezarle acorde a creencias.

 

También es importante permitirse que este duelo al ser de características diferentes llevara también en muchos casos un tiempo diferente de elaboración en el atravesamiento de las etapas del mismo, especialmente porque desde lo social aún no hemos salido de esa situación a nivel global, y los medios reflejan constantemente el tema que es un punto hipersensible en la persona en duelo.

 

En los duelos traumáticos la persona se encuentra desbordada y no hay un avance el proceso del mismo, quedando muchas veces en un estadio de no aceptación de la realidad, incluso con sentimientos de culpa por la falta de acompañamiento en la enfermedad. Esto debilita a la persona quien puede comenzar a presentar diversos estados patológicos de ansiedad, sufrir alteraciones del sueño, especialmente pesadillas, flashbacks y la presencia en muchos casos de ideas de tipo intrusivo y recurrente.

 

Los estados depresivos deben evaluarse y evitar la desesperanza, o que se convierta en un estado de estrés postraumático.

 

Es preciso para ello identificar los estados de ánimo y sentimientos asociados y al mismo tiempo en la medida de lo posible evaluarlo a los efectos de requerir apoyo farmacológico.

 

Tratar de que el paciente sienta la suficiente contención a los efectos que no reprima el recuerdo de aspectos dolorosos de esa vivencia, y pueda de a poco ir atravesando una parte dura de su historia vital sin que obstruya esto su vida.

 

Lic. Mónica Arcas

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