jueves, 26 de noviembre de 2020

 

FATIGA DE PANDEMIA, SINTOMAS Y FORMA DE MANEJARLA

Son muchos ya los meses que la población ha modificado drásticamente su forma de vida recluyéndose en su hogar, (salvo los trabajadores esenciales), en  donde se efectúan en el mismo múltiples actividades (laborales, recreativas, familiares) que con el tiempo se han convertido en afrontamientos que generan malestar físico, por el sostenimiento atencional que requiere las videos llamadas, el trabajo on line, la realización de clases y/o recepción de las mismas por este medio, ya que se altera las rutinas a las que estábamos acostumbrados con  el trabajo a distancia no pudiendo alternar con distracciones en el mundo externo esto genera disminución del rendimiento ya que exige que nuestra mente este recibiendo nuevas demandas que demandan un nivel sostenido de tensión por tiempo prolongado.

Esta sobrecarga y la escasa posibilidad de desconectarse pues todo está realizado en el mismo lugar cual produce cansancio que se expresa con síntomas de anhedonia, fatiga, abulia. Las tareas que comenzaron a interesar al principio de la pandemia, ahora se convierten muchas veces en obligaciones displacenteras que terminan por ser abandonadas. Ya no se encuentran opciones que generen mayor interés, solo la posibilidad de “salir” al mundo exterior con las limitaciones que se tienen en dichas salidas por la exposición y el peligro de contraer la enfermedad.

La fatiga de tipo emocional es el cansancio generado por el agotamiento y se encuentra asociado a estados de angustia, incertidumbre, sentimientos depresivos, y a la vez  estados expectantes por la condición sanitaria actual y el peligro inminente de que se produzca una segunda ola de contagios sin tener el resguardo de una vacunación poblacional que genere esta última sensaciones de seguridad, ya que ninguna de las vacunas presentadas han tenido el tiempo suficiente para ver sus efectos y el margen de inmunidad que éstas pueden presentar.

 

La fatiga mental incide en forma directa en las funciones cognitivas sea la atención, la memoria, la forma de procesamiento de los datos, ya que el esfuerzo de estas funciones sostenidas en el tiempo dan como resultado una sobrecarga y agotamiento del sistema nervioso.

Estamos frente a un estado prolongado de estrés que genera la pandemia con las conductas actuales de la población donde no es parejo el mantenimiento del aislamiento social, por un lado, y por la no incorporación en muchos casos por las condiciones sociales y económicas de reinstalación de los puestos de trabajo. Frente a esto  está el agotamiento que presenta la mayor parte de la población, y la fatiga cognitiva se manifiesta con estados de disforia mental y somnolencia, falta de concentración por ejemplo en la lectura, incapacidad de organización temporal de las tareas, alteración del ciclo circadiano, y muchas veces la sensación subjetiva de estar en “piloto automático” con la incapacidad de procesar fehacientemente las tareas cotidianas. No solo en la conducta del sujeto está en juego,  sino también el organismo (alteraciones metabólicas, alteraciones en el ciclo del sueño y apetito) y en la regulación emocional, mostrando muchas veces una incidencia en la irritabilidad que se presenta en las relaciones interpersonales.

Para evitar que se vuelva un síndrome de fatiga crónica resulta clave comenzar a una reorganización de los hábitos en pos de reestablecer tres piezas importantes de nuestra salud como son la alimentación sana, el ejercicio físico y la higiene del sueño, que ya su alteración genera malestar físico y  puede influir en dolores musculares, de cabeza, angustia, dificultades sostenidas de memoria, sueño no reparador, entre otros síntomas; así como también nos vuelve propensos a problemas de salud mental y física a mediano plazo”.

Es importante regular los horarios de sueño, que se hagan regulares, estableciendo en el día espacios de descanso, especialmente cuando se está estudiando y/o trabajando, realizando estiramientos y  respiración profunda.

Poder manejar las preocupaciones agobiantes de nuestra mente, y pasar a la acción de aquellas tareas concretas que se pueden realizar, es importante el uso de una agenda de tareas para poder programar las acciones que son prioritarias de las que se pueden postergar.

La socialización emocional es importante para evitar la fatiga, a pesar del distanciamiento físico es importante tener acercamientos sociales a través de los medios de comunicación que hoy contamos.

La incorporación de las técnicas de relajación y/o Mindfullness permite disminuir la ansiedad y mejorar las funciones cognitivas ayudando a mejorar su calidad de vida. Estamos viviendo un hecho inédito del cual no tenemos antecedentes en nuestra era y debemos aprender a convivir con esto por un tiempo tal vez prolongado, las fuentes de sufrimiento humano son las catástrofes naturales, las relaciones interpersonales y el miedo a la enfermedad y muerte según Freud, hoy el coronavirus nos enfrenta a estas de una manera masiva, el sujeto esta vulnerable a estos factores y nuestro cerebro activa el alerta como respuesta a un peligro inminente a nuestra integridad e incertidumbre generando ansiedad, los efectos subjetivos que trae a colación este virus además de las medidas restrictivas es la disrupción de la vida cotidiana y reestablecer una nueva readaptación que no es para todos igual.

Lic. Mónica Arcas Psicóloga Clínica – 15 3488 2542 Terapia Cognitiva

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