FATIGA DE PANDEMIA, SINTOMAS Y
FORMA DE MANEJARLA
Son muchos
ya los meses que la población ha modificado drásticamente su forma de vida
recluyéndose en su hogar, (salvo los trabajadores esenciales), en donde se efectúan en el mismo múltiples
actividades (laborales, recreativas, familiares) que con el tiempo se han
convertido en afrontamientos que generan malestar físico, por el sostenimiento
atencional que requiere las videos llamadas, el trabajo on line, la realización
de clases y/o recepción de las mismas por este medio, ya que se altera las
rutinas a las que estábamos acostumbrados con el trabajo a distancia no pudiendo alternar
con distracciones en el mundo externo esto genera disminución del rendimiento
ya que exige que nuestra mente este recibiendo nuevas demandas que demandan un nivel
sostenido de tensión por tiempo prolongado.
Esta sobrecarga
y la escasa posibilidad de desconectarse pues todo está realizado en el mismo
lugar cual produce cansancio que se expresa con síntomas de anhedonia, fatiga,
abulia. Las tareas que comenzaron a interesar al principio de la pandemia,
ahora se convierten muchas veces en obligaciones displacenteras que terminan
por ser abandonadas. Ya no se encuentran opciones que generen mayor interés,
solo la posibilidad de “salir” al mundo exterior con las limitaciones que se
tienen en dichas salidas por la exposición y el peligro de contraer la
enfermedad.
La fatiga
de tipo emocional es el cansancio generado por el agotamiento y se encuentra
asociado a estados de angustia, incertidumbre, sentimientos depresivos, y a la
vez estados expectantes por la condición
sanitaria actual y el peligro inminente de que se produzca una segunda ola de
contagios sin tener el resguardo de una vacunación poblacional que genere esta
última sensaciones de seguridad, ya que ninguna de las vacunas presentadas han
tenido el tiempo suficiente para ver sus efectos y el margen de inmunidad que
éstas pueden presentar.
La fatiga
mental incide en forma directa en las
funciones cognitivas sea la atención, la memoria, la forma de
procesamiento de los datos, ya que el esfuerzo de estas funciones sostenidas en
el tiempo dan como resultado una sobrecarga y agotamiento del sistema nervioso.
Estamos
frente a un estado prolongado de estrés que genera la pandemia con las
conductas actuales de la población donde no es parejo el mantenimiento del
aislamiento social, por un lado, y por la no incorporación en muchos casos por
las condiciones sociales y económicas de reinstalación de los puestos de
trabajo. Frente a esto está el
agotamiento que presenta la mayor parte de la población, y la fatiga cognitiva
se manifiesta con estados de disforia mental y somnolencia, falta de
concentración por ejemplo en la lectura, incapacidad de organización temporal
de las tareas, alteración del ciclo circadiano, y muchas veces la sensación
subjetiva de estar en “piloto automático” con la incapacidad de procesar
fehacientemente las tareas cotidianas. No solo en la conducta del sujeto está
en juego, sino también el organismo
(alteraciones metabólicas, alteraciones en el ciclo del sueño y apetito) y en
la regulación emocional, mostrando muchas veces una incidencia en la
irritabilidad que se presenta en las relaciones interpersonales.
Para evitar
que se vuelva un síndrome de fatiga crónica resulta clave comenzar a una
reorganización de los hábitos en pos de reestablecer tres piezas importantes de
nuestra salud como son la alimentación sana, el ejercicio físico y la higiene
del sueño, que ya su alteración genera malestar físico y puede influir en dolores musculares, de
cabeza, angustia, dificultades sostenidas de memoria, sueño no reparador, entre
otros síntomas; así como también nos vuelve propensos a problemas de salud
mental y física a mediano plazo”.
Es
importante regular los horarios de sueño, que se hagan regulares, estableciendo
en el día espacios de descanso, especialmente cuando se está estudiando y/o
trabajando, realizando estiramientos y
respiración profunda.
Poder
manejar las preocupaciones agobiantes de nuestra mente, y pasar a la acción de
aquellas tareas concretas que se pueden realizar, es importante el uso de una
agenda de tareas para poder programar las acciones que son prioritarias de las
que se pueden postergar.
La
socialización emocional es importante para evitar la fatiga, a pesar del
distanciamiento físico es importante tener acercamientos sociales a través de
los medios de comunicación que hoy contamos.
La
incorporación de las técnicas de relajación y/o Mindfullness permite disminuir
la ansiedad y mejorar las funciones cognitivas ayudando a mejorar su calidad de
vida. Estamos viviendo un hecho inédito del cual no tenemos antecedentes en
nuestra era y debemos aprender a convivir con esto por un tiempo tal vez
prolongado, las fuentes de sufrimiento humano son las catástrofes naturales,
las relaciones interpersonales y el miedo a la enfermedad y muerte según Freud,
hoy el coronavirus nos enfrenta a estas de una manera masiva, el sujeto esta
vulnerable a estos factores y nuestro cerebro activa el alerta como respuesta a
un peligro inminente a nuestra integridad e incertidumbre generando ansiedad,
los efectos subjetivos que trae a colación este virus además de las medidas
restrictivas es la disrupción de la vida cotidiana y reestablecer una nueva
readaptación que no es para todos igual.
Lic. Mónica
Arcas Psicóloga Clínica – 15 3488 2542 Terapia Cognitiva
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