El siglo XXI tiene una nueva epidemia que son los trastornos por ansiedad, entre ellos las crisis de pánico que tiene repercusiones no solo psiquicas-fisicas, sino económicas y sociales.
A partir de las nuevas tecnologías , la humanidad ha logrado grandes avances que tienen aspectos tanto positivos como negativos, ya que la hiperinformación a la que esta expuesto el hombre en constante cambio , juntas con las nuevas formas de vinculación en un mundo globalizado han dado lugar a estados de estrés, cada vez mas agudo,
La sociedad voraz demanda competitividad e individualismo , a esto se le suma la problemática del desempleo, con mercados laborales cada vez mas restringidos. Vivimos en un contexto donde los medios de comunicación exaltan la violencia de sucesos catastróficos que promueven estados de aprensión y vulnerabilidad social, y distorsionan la realidad, generando reacciones sociales de inseguridad las que a su vez favorecen a la aparición de los diversos cuadros de ansiedad.
La ansiedad es un componente normal y necesario de la vida psíquica , que nos permite cotidianamente avanzar y desarrollar con plenitud nuestra existencia, pero cuando esa ansiedad alcanza niveles excesivos se convierte en lo contrario, un obstáculo que deteriora la calidad de vida de la persona.
En lo que respecta a las crisis de pánico los estudios han comprobado que alrededor de un 10% de la población adulta lo ha sufrido en algún momento determinado de la vida sin que esto desemboque en un trastorno de pánico (crisis no es igual a trastorno), la clínica también muestra que estos trastornos aparecieron después de un tiempo de acontecimientos traumáticos y/o ansiógenos como ser la muerte de un familiar directo, la asistencia de un pariente terminal, divorcio, despido laboral mudanza etc. Se ha comprobado que entre el 80 al 90% de las personas que desarrollan un trastorno de pánico coexisten con agorafobia (miedo intenso a estar en un lugar , tener una CP y no encontrar una salida rápida ante la inminente descompensación)
En la practica clínica el desarrollo de la agorafobia es directamente proporcional al tiempo de consulta a un psicólogo especializado en el tema, (no olvidemos que no toda persona que presenta ansiedad, sufre TP) hay otros cuadros que se presenta la ansiedad pero la estructura psíquica es distinta, por ende el enfoque de tratamiento también lo es. Tambien es frecuente observar pacientes peregrinos, que debido a la mala interpretación de los síntomas van a diversos especialistas aumentando su ansiedad y no teniendo en enfoque adecuado.
Las diferentes etapas por las que pasa el paciente se podrían definir es 4 fases:
1 Primera Fase: Aparece en forma súbita síntomas desagradables (sudoración excesiva, temblores, dolor de pecho, taquicardias, alteraciones gastrointestinales, mareos, sensación de ahogo e interpretan estos síntomas como algo peligroso (inminencia de infarto, ACV , o descompensación psicótica)
2. Segunda Fase: la persona asustada por la intensidad sintomática, busca seguridad y se aferra a personas de su circulo intimo a modo de sosten generando una dependencia regresiva en detrimento de su autoestima
3.Tercera Fase: Aparecen inhibiciones conductuales, la persona no se siente competente para llegar a una vida normal y se aísla , restringe las salidas por el miedo a tener crisis y pierde su calidad de vida.
4.Cuarta Fase: Aparece un estado de depresión reactiva, con desvalorización personal y muchas veces desesperanza, piensa que ya no es la misma de antes y que jamás lo volverá a ser, esto es una falacia, aparece la autopercepcion negativa de si mismo, de su entorno y de su futuro, a lo que Aaron Beck define como Triada Cognitiva de la depresión. Por ende aumenta su aislamiento, su capacidad de goce y de su productividad. Aquí es donde hay que prevalecer el tratamiento del estado depresivo para sacarlo de las cogniciones depresogenas a través de la reestructuración cognitiva.
Es importante prevenir el desarrollo cronificado de estas dolencias, para ello la celeridad de un tratamiento apenas se detecta con un psicólogo que lo evaluara con escalas especificas a modo de saber si es necesario la farmacoterapia o no, porque muchos van directamente a psiquiatría y no poseen valores tan altos para que sean medicados, no olvidemos que los antidepresivos se toman en promedio por dos años, y las benzodiacepinas deben ser prescriptas por plazo corto pues deterioran las funciones cognitivas. Es de saber que estudios muy validados han equiparado la terapia cognitiva conductual con el efecto farmacológico.
Lic. Mónica Arcas Especialista en Trastornos por ansiedad Miembro Titular AATA Terapeuta Cognitiva conductual docente
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