lunes, 5 de octubre de 2020

La infancia robada de Silvia


Las relaciones familiares suelen ser difíciles cuando dentro del núcleo familiar hay abuso, pero si se trata de familias caóticas con comportamientos psicopáticos la victima suele estar en el máximo desamparo. Este es el caso de Silvia, mujer de 29 años de edad, casada con un hijo de 9 años, con antecedentes de abuso sexual parental. Se presenta a tratamiento derivada por su médico psiquiatra por presentar estados de ansiedad y depresión crónica, tenía al momento de la admisión trastornos en el sueño, pesadillas, muchas somatizaciones (mialgias, cefaleas, trastornos gástricos). En cuanto a su vínculo matrimonial estaba con una relación estable, su marido era comprensivo y cariñoso, ella siempre se mantenía un poco evitativa y muy temerosa a que le pase “algo” a su hijo.

Establecida la alianza terapéutica Silvia refiere que necesita contar algo que ni siquiera lo sabía su marido, tampoco se atrevió a contarle a su médico por vergüenza. Ella había sido víctima de abuso sexual reiterado con penetración por parte de su padre quien la desvirgo a los 13 años en el baño. El goce  paterno era utilizar ese cuerpo infantil cosificado destinado a producirle la satisfacción de sus necesidades especiales, aprovechando esta asimetría y poder  en un acto de ruptura de los límites y la frontera de ese cuerpo infantil donde es avasallada quedando en la máxima indefensión e imposibilidad de tener recursos defensivos, por lo traumático del  suceso y su efecto terrorífico en el psiquismo, ella recuerda los estallidos de cólera de su padre cuando ella trataba de impedir la penetración, los golpes se hacían cada vez peores, hasta que llegó un momento en donde ya “se anestesiaba”, “trataba que pase pronto”(MD Disociación) .A eso se le suma lo propio del momento vital que estaba transitando que era el inicio de la adolescencia interrumpida por la violencia con los consecuentes miedos, dolores por los golpes, miedo a un embarazo, sentimientos de bronca, culpa y perplejidad , horror que se reiteró en el tiempo y a pesar de haber denunciado ella a su madre el proceder de su padre, nunca encontró amparo en la figura materna, la primera vez que su padre la violo ella se lo conto y esta le respondió “Mejor es tu padre que cualquier guacho”  jamás se olvidara de eso que la dejo atrapada dentro de su casa, hasta que debido a una gran paliza que recibió de su padre al defenderse de él fue a pedir amparo a una vecina amiga, no volvió más a su casa, tenía 15 años,  nunca se denunció el abuso sexual, al tiempo conoció el que actualmente fue su marido y se juntó con él, comenzó una nueva etapa de su vida  pero mantuvo el secreto por temor a que el la repudiara según manifestó. Silvia era la única hija mujer de cuatro hermanos, su hermano mayor, adicto, se había suicidado ahorcándose, su otro hermano también adicto a estupefacientes y el menor con antecedentes de conducta antisocial, jamás tuvo apoyo de sus hermanos, máximo cuando la situación económica de la flia. tuvo un golpe de suerte y todos Vivian al amparo de este padre proveedor de dinero.

El trabajo terapéutico con esta paciente fue requirió muchísima paciencia y fue por etapas, Silvia mostraba indicadores de un estrés Postraumático crónico producto del abuso infantil, síntomas sociales como la desconfianza en las relaciones humanas, los recuerdos intrusivos que la perturbaban especialmente en la vida sexual matrimonial y la angustiaba mucho y le pesaba no poder hablar de esto con su marido

Se trabajó en primer lugar con mucha psicoeducacion, que ella pueda reconocerse como una persona que había sido captada y víctima de un padre pedófilo con rasgos psicopáticos, que todo el núcleo familiar era patológico, que había sobrevivido a una situación extrema pudiendo lograr salir de ese circuito mortífero, pudiendo lograr formar una familia con un hombre de características opuestas a su padre, había logrado un vínculo sanador. Se trabajó en el fortalecimiento de su autoestima y su estigmatización. La narración de los hechos que había padecido permitió la expresión de su dolor, al mismo tiempo trabajar todo lo concerniente a la estigmatización, la vergüenza, la pérdida de autoestima y la culpa por muchas veces haber permitido el abuso, el no haber podido denunciar al padre ante la ley, pero una vez recuperada ella pudo citar a la familia y expresar el daño que su padre le había infligido, y como era de esperar este jamás sintió culpa o arrepentimiento.

Con el tiempo Silvia pudo mejorar su intimidad con su esposo, iniciar el secundario, sus síntomas fueron disminuyendo, y hasta pudo junto con su marido estar a cargo de una salita de ancianos que los fines de semana visitaba para ella esta era su nueva familia.

Le fue doloroso romper las relaciones con su familia de origen pero comprendió que más doloroso es esperar un milagro. Comprendió que los psicópatas son depredadores que solo les interesa sus necesidades y que el contacto cero es la mejor solución.

 

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